Analectas Lunyu III

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Confucio, hablando del clan Jì, dijo que en esta casa se hacía bailar a sesenta y cuatro danzantes y añadió: “Si esto se atreven a hacer, ¿a qué no se atreverán?”

Las tres familias utilizaban la oda Yong en la ceremonia de retirada de los vasos. Confucio dijo: “En esta oda se habla de que “los príncipes sirven de acólitos, el Hijo del Cielo aparece serio y grave”. ¿Qué significado puede tener esto en el templo ancestral de las tres familias?”.

Confucio dijo: “Si un hombre no tiene benevolencia ¿de qué le sirven las ceremonias? Si un hombre no tiene benevolencia ¿de qué le servirá la música?”

Lín Fàng preguntó qué era lo fundamental de los ritos. Confucio dijo: “Ésta es una excelente pregunta. En los ritos en general es mejor ser ahorrativo que dispendioso. En las ceremonias fúnebres es preferible un dolor profundo a una excesiva minuciosidad.”

Confucio dijo: “Hasta los bárbaros Yí y Dí tiene sus soberanos. No se parecen a nuestros Estados, que están carentes de ellos”.

El cabeza del clan de los Jì iba a hacer un sacrificio al monte Tài. Confucio dijo a Rân Yôu: “Tú no puedes evitarlo?”. Cuando éste respondió que no podía, Confucio dijo: “¡Ay! ¿Se podrá decir que los espíritus del monte Tài entienden menos que Lín Fàng?”.

Confucio dijo: “El hombre superior no participa en lucha alguna. Si le es preciso tomar parte en una competición de tiro con arco, se inclina cortésmente, sube a su lugar, desciendo del mismo y bebe la copa del castigo. Hasta en las competiciones es un hombre superior”.

Zîxià preguntó: “¿Qué significan estas líneas: “Las bellas arrugas producidas por su elegante sonrisa y el blanco y el negro bien definidos de su ojo son la base para poner los colores”?”. Confucio respondió: “Primero se prepara la base y luego se ponen los colores”. Zîxià dijo: “Los ritos, entonces, también son algo que viene detrás de otra cosa”. Confucio dijo: “Shang puede entenderme, ahora puedo empezar a hablar con él de las odas”.

Confucio dijo: “Podría hablar de los ritos de la dinastía Xià, pero Qí no es una prueba suficiente; podría hablar de los ritos de la dinastía Yin, pero Sòng no es una prueba suficiente. En ambos casos, sus sabios y sus escritos no son suficientes para hablar; si lo fueran, podría comprobarlo perfectamente”.

Confucio dijo: “Cuando se realiza el Gran Sacrificio, no tengo deseo alguno de mirar, una vez que se ha hecho la libación”.

Alguien le preguntó a Confucio el significado del Gran Sacrificio. Confucio respondió: “Yo no lo sé y, quien lo supiera- dijo mientras se señalaba la palma de la mano-, pensaría que el mundo es tan fácil de gobernar como esta superficie.”

Confucio sacrificaba a los muertos como si estuvieran vivos y a los espíritus como si estuvieran presentes, decía: “Si yo no estuviera personalmente en el sacrificio sería como si no lo hiciera”.

Wángsun Jiâ preguntó: “¿Qué quiere decir el proverbio: “más vale adular al horno que al lugar de honor”?”. Confucio respondió: “Esto no es verdad, el que ofende al Cielo no tiene a quien rogar”

Confucio dijo: “La dinastía Zhou tiene la ventaja de contemplar las otras dinastías en perspectiva. ¡Qué elegancia y refinamiento tienen sus ritos! Yo sigo las disposiciones de la dinastía Zhou”.

 

Confucio entró en el gran templo y preguntó acerca de todas las cosas. Alguien dijo entonces: “¡Quién diría que el muchacho de Zou sabe de ritos, si entra en el Gran Templo y lo pregunta todo!”. Cuando Confucio se enteró de esto dijo: “El preguntar es en verdad una regla de cortesía”.

Confucio dijo: “En el tiro con arco lo más importante no es atravesar la diana, porque la fuerza de los hombres no es igual. Ésta era la doctrina de los antiguos”.

Zîgòng quería eliminar el sacrificio de un cordero vivo, que se realizaba el primer día de cada mes. Confucio le dijo: “Tú amas el cordero, yo amo la ceremonia”.

Confucio dijo: “Las gentes opinan que servir al soberano con la máxima corrección es adulación”.

El duque Tìng preguntó de qué forma debía servirse el soberano de sus ministros y cómo deberían éstos servir a aquél. Confucio respondió: “El soberano mandará a sus ministros con cortesía, los ministros servirán al soberano con fidelidad”.

Confucio dijo: “La oda Guan Ju es alegre sin ser licenciosa y triste sin llegar a herir”.

El duque Ai preguntó a Zâi Wô acerca de los altares de los espíritus locales. Zâi Wô respondió: “Los soberanos Xià plantaban pinos alrededor, los soberanos Yin plantaban cipreses y los soberanos Zhou plantaban castaños, lo que significaba que querían que el pueblo temblara de miedo”. Cuando Confucio se enteró de esto, dijo: “No hay que hablar de los asuntos ya realizados, no se protesta de lo que ya ha transcurrido, ni se acusa a lo pasado”.

Confucio dijo: “La valía de Guân Zhòng era realmente pequeña”. Alguien dijo entonces: “¿Acaso era Guân Zhòng tacaño?” Confucio respondió: “Guân Zhòng poseía la torre Sangui y cada uno de sus funcionarios no desempeñaba más que una sola función. Alguien así no puede ser avaro”. “Entonces –siguieron preguntando-, ¿conocía Guân Zhòng los ritos?” Confucio respondió: “Los soberanos de un Estado tienen un biombo que tapa su puerta; Guân Zhòng también tenía un biombo en su puerta. Cuando dos soberanos se reúnen tienen una mesita en la que colocan sus copas invertidas, Guân Zhòng también tenía una mesita para colocar su copa invertida. Si se dijera que Guân Zhòng conocía los ritos, podría decirse que nadie habrá que no lo supiera”.

Confucio, cuando enseñaba al Gran Maestro de música del Estado de Lû le decía: “Es posible saber cómo tocar la música; al principio todo debe sonar como mezclado, al desarrollarse debe ser armoniosa, clara, sin interrupciones y continuar así hasta el final”.

El guardián de la frontera del distrito de Yì pidió ver a Confucio diciendo: “Cuando han llegado hasta aquí hombres superiores, yo siempre he podido visitarlos”. Los seguidores del Maestro le introdujeron para que le viera. Al salir dijo: “ ¿Por qué estáis tristes por la destitución del Maestro? El mundo ha estado ya durante mucho tiempo sin seguir el verdadero Camino. El Cielo se servirá del Maestro como si él fuese la lengua de madera de una campana”.

Confucio decía de la música Sháo, que era absolutamente bella y absolutamente buena, mientras que de la música Wû que era absolutamente bella, pero no absolutamente buena.

Confucio dijo: “¿Cómo podría yo tener contemplaciones con los que ocupan elevadas posiciones sin la menor generosidad, con los ritos realizados sin respeto o con los funerales sin sentimiento de duelo?”

 

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