Analectas Lunyu V

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Confucio dijo que Gongyê Cháng era digno de casarse porque, aunque había estado en prisión no había sido por cometer crimen alguno, por lo que le dio a su propia hija por esposa.

De Nán Róng dijo que, cuando el Estado estuviera bien gobernado no se desperdiciarían sus habilidades y que, cuando estuviera mal gobernado escaparía al castigo y a la ejecución, por lo que le dio por esposa a la hija de su hermano mayor.

Confucio dijo de Zîjià: “Un hombre como éste es un hombre superior. En Lû tiene que haber otros hombres superiores porque, en caso contrario, él no hubiera adquirido su modo de ser”.

Zîgòng preguntó: “¿Y qué dirías de mí?”. A lo que Confucio respondió: “Que eres un vaso ritual”.
¿Qué clase de vaso ritual?, preguntó Zîgòng, y Confucio respondió: “Uno decorado con joyas”.

Alguien dijo: “Yong es virtuoso pero no tiene labia”.
Confucio respondió: “¿Qué ventaja tiene el tener labia? Los hombres con facilidad de palabras son generalmente odiados. No sé si este hombre es virtuoso o no, pero sí que no necesita para nada de la elocuencia”.

El Maestro deseaba que Qidiao Kai ocuparse un puesto oficial. El interesado respondió: “Todavía no confío en mí mismo”. Confucio quedó muy complacido con esta respuesta.

Confucio dijo: “Si la doctrina no prosperara y yo me montara en una balsa para irme flotando por el mar, el único que me seguiría sería Zîlù”. Cuando Zîlù oyó esto se puso muy contento y, entonces, dijo Confucio: “Este Zîlù es mucho más osado que yo, no es ésta la interpretación de mis palabras”.

El conde Mèng Wû preguntó a Confucio si Zîlù era virtuoso. Confucio contestó que no lo sabía.
El conde insistió en su pregunta y, entonces, Confucio respondió: “En un Estado que poseyera mil carros, Zîlù podría ser empleado para dirigir las levas de soldados, pero yo no sé si es virtuoso”.

El conde dijo: “¿Y cómo es Rân Yôu?”. Confucio respondió: “En una ciudad de mil casas o en un dominio que tuviese cien carros, Rân Yôu podría ser empleado como gobernador, pero yo no sé si él es virtuoso.
El conde continuó: “¿Y qué decís de Chì?”. El Maestro respondió: “ Podría estar en la corte con sus vestidos de ceremonia y ser empleado para hablar con embajadores y visitantes, pero no sé si es virtuoso”.

Confucio le preguntó a Zîgông: “¿Quién es mejor, tú o Yán Yuan?”
Zîgông respondió: “¿Cómo me atrevería yo a compararme con Yán Yuan? Él oye una cuestión y sabe diez sobre lo mismo, mientras que yo oigo una y sólo sé otra”.
Confucio dijo: “En verdad que no eres como él”.

Zài Yú dormía durante el día. Confucio dijo: “No se puede tallar la madera podrida, ni allanar con la paleta un muro de ramas y barros. ¿Qué voy a ganar con regañar a Yú?
Antes, escuchaba las palabras de alguien y daba crédito a sus acciones. Ahora, cuando escucho las palabras de alguien, también observo su actuación. Yú es el que me ha hecho cambiar.”

Confucio dijo: “Nunca he visto un hombre firme”. Alguien repuso: “¿Acaso no lo es Shen Chéng?”. A lo que Confucio respondió: “Chéng tiene demasiadas pasiones para ser firme”.

Zîgòng dijo: “Lo que no quiero que los demás me hagan a mí, tampoco se lo hago yo a los demás”. Confucio dijo: “Tú todavía no has alcanzado esta perfección”.

Zîgòng dijo: “Los escritos y palabras de Confucio pueden ser oídos por todos, pero lo que el Maestro dice sobre la naturaleza del hombre y la Vía ordenada por el Cielo no puede ser oído por todos”.

Si Zîlù había oído algo y no había podido ponerlo en práctica todavía, lo único que temía era el oír otra cosa antes de poner en práctica la anterior.

Zîgòng preguntó: “¿Por qué Gôngwénzî ha recibido esta sílaba Wén en su nombre?” Confucio respondió: “Porque era activo y sin embargo gustaba del estudio, parte de que no se avergonzaba de preguntar a sus inferiores. Por eso se le ha puesto la palabra Wén en su nombre”.

Confucio dijo: “Zîchan tenía cuatro de las características del hombre superior: en lo que hacía para sí mismo era humilde; era respetuoso en el servicio a un superior; generoso cuando se trataba de alimentar al pueblo y justo en su administración de los súbditos”.

Confucio dijo: “Yàn Píng sobresalía en las relaciones interpersonales. Por mucho que durasen, él siempre mantenía el mismo respeto”.

Confucio dijo: “Zang Wen tenía una tortuga en una casa cuyas columnas tenían capiteles en los que había pintadas montañas y en la que había otras columnas más pequeñas decoradas con pinturas de juncos. ¿Cómo puede decirse de él era un hombre de sabiduría?”.

Zîzhang preguntó: “El ministro Zîmén ocupó su cargo por tres veces y en ninguna de las tres su cara mostró contento. Por tres veces dejó el cargo sin que su cara mostrara disgusto. Como él era el ministro saliente, sentía como una obligación el informar al ministro entrante de todos los asuntos de su gobierno, ¿cómo consideráis a este hombre?”. Confucio respondió: “Era leal”. ¿Y no era acaso virtuoso?”, dijo Zîzhang. Confucio respondió: “No lo sé, ¿cómo podría yo saberlo’”.

Zîzhang dijo: “Cuando Cuizî mató al soberano de Qí, Chén Wén era poseedor de diez tiros de cuatro caballos pero, aun así, se marchó del país dejando detrás sus riquezas. Cuando llegó a otro Estado dijo: “Aquí también son como el gran ministro Cuizî”, y dejó el país. Fue a otro y lo dejó diciendo lo mismo. ¿Cómo pensáis que era este hombre?”. Confucio dijo: “Era puro”. “Y no era virtuoso”, dijo Zîzhang. Confucio respondió: “No lo sé, ¿cómo podría yo saberlo?”.

Jì Wén pensba tres veces antes de actuar. Cuando Confucio lo supo, dijo: “Bastaría con dos”.

Confucio dijo: “Cuando su país estaba bien gobernado, Níng Wû se portaba como un sabio, cuando estaba mal gobernado, como un tonto. Otros podrían llegar a ser tan sabios como él, pero lo que no podría igualarse es su estupidez”.

Cuando el Maestro estaba en Chén dijo: “¡Dejadme volver! ¡Dejadme volver! Mis queridos discípulos son impulsivos y apresurados, son un completo conjunto de bondades, pero no saben cómo darle forma”.

Confucio dijo: “Bóyí y Shùqí no se acordaban de los viejos odios, por lo que pocas veces eran ellos odiados”.

Confucio dijo: “¿Quién dice que Wéisheng Gao es recto? Alguien le pidió vinagre y él se lo fue a pedir a su vez a un vecino para dárselo al que se lo pedía”.

Confucio dijo: “las palabras untuosas, el semblante complaciente y la cortesía excesiva, son cosas de las que Zuô Qiumíng se hubiera avergonzado y de las que yo me avergonzaría como él. Hacerse amigo de alguien a quien Zuô Quimíng se hubiera avergonzado y de lo que yo también me avergüenzo”.

Yán y Jì Lù estaban al lado del Maestro y éste les dijo: “¿Qué es lo que vosotros diríais que es vuestro mayor deseo?”
Jì Lù dijo: “Me gustaría tener coches, caballos y vestidos adornados con pieles para compartir los con mis amigos y, aunque me los estropearan, no me enfadaría”.
Yán Yuan dijo: “Me gustaría no presumir de bondad ni exhibir mis esfuerzos”.
Jì Lù preguntó entonces: “¿Y cuáles son vuestros deseos?”. Confucio respondió: “Dar descanso a los ancianos, confianza a los amigos y ternura a los pequeños”.

Confucio dijo: “¡Ya basta! No he encontrado a nadie que pueda apreciar sus propias faltas y acusarse a sí mismo en su interior”.

Confucio dijo: “En una aldea de diez casas, seguro que se encontraría a alguien tan leal y sincero como yo, pero no habría ninguno a quien le gustara el estudio tanto como a mí”.

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