Los encuentros no son para las iras

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Un día, cuando iba en el autobús para la casa, una pareja que eran oficinistas me llamó mucha atención y la conversación que sostuvieron fue inolvidable para mí.

Ese día había muchos pasajeros en el autobús y la pareja estaba a mi lado. Probablemente por la cantidad de personas que había, el hombre protegía a la mujer cubriéndola con los brazos. Le preguntó con una voz suave: “¿Estás cansada? ¿Qué quieres comer más tarde?” La mujer le respondió con impaciencia: “Ya estoy cansada por haber trabajado tanto hoy. ¿Por qué no decides tú? ¿Para qué me preguntas siempre?”

El hombre bajó la cabeza con una cara inocente y luego dijo algo que me dejó muy impresionado: “Te dejo que decidas porque quiero acompañarte a comer la cosa que te gusta y ver tu sonrisa de satisfacción para olvidar temporalmente el momento desagradable que has tenido en el trabajo de hoy. Como tengo poca capacidad, no puedo solucionar los tratos injustos que sufres en el trabajo, entonces esto es todo lo que puedo hacer por ti.”

Después de escuchar eso, la mujer se sintió mucho y le pidió perdón. El hombre se reanimó y le dijo: “Está bien, siempre y cuando seas feliz”. Luego, besó el cabello de la mujer. Yo miré a la pareja antes de bajarme del autobús. El hombre seguía protegiendo a su amada.

Esa escena me recordó que yo también había tenido algunos momentos de infelicidad en el trabajo, si no hubiera escuchado esa conversación, después de regresar a la casa, a lo mejor me pondría una cara apestosa para con mis seres queridos como si todo el mundo me hubiera defraudado algo; me enfocaría sólo en los tratos injustos que he sufrido e ignoraría el sentimiento del prójimo causándoles daño a mis seres queridos en forma inconsciente.

Entonces, cuando llegué a la casa, me pregunté a mí mismo: “¿Acaso quiero descargar mi descontento con la gente que me rodea, tal como lo que hizo esa mujer del autobús?” “No, creo que lo que debo hacer ahora es: no descargar con mis seres queridos mi emoción negativa proveniente del trabajo para no destruir nuestra relación íntima; y tomar la iniciativa de sonreírme.

” El encuentro entre personas no tiene el propósito de causar el enojo. ” ¡Qué bueno el dicho!

Cuando uno no puede dominar sus emociones, debe recordar esta oración para agregar algunos factores de sonrisa a esta vida tan abrumada.


Había un maestro Zen llamado Jin Dai que amaba mucho las orquídeas. En los días de semana él predicaba Sutra y dedicaba mucho tiempo en la plantación de las orquídeas. Un día, tuvo que salir y emprender un largo viaje. Encargó el cuidado de las orquídeas a sus discípulos antes de partir.

Durante ese período, los discípulos cuidaron las orquídeas con mucha delicadeza, pero un día cuando estaban regando, derribaron accidentalmente la repisa de las orquídeas, las macetas se rompieron y las orquídeas se dispersaron por todo el piso. Los discípulos se asustaron mucho y decidieron esperar el regreso del Maestro para pedirle disculpa y recibir el castigo.

Cuando regresó el Maestro Jin Dai, se enteró de esto y convocó a sus discípulos. En lugar de culparlos, les dijo: “Yo planté las orquídeas con el propósito de ofrecerles a Buda y embellecer el ambiente. No planté las orquídeas con el propósito de enojarme.”

¡Qué bien lo que dijo el Maestro Jin Dai: “No planté las orquídeas con el propósito de enojarme.”! El optimismo del Maestro se explica porque él no tenía en su corazón apegos ni preocupaciones por las orquídeas, pese a que las amaba. Por eso, la pérdida de las orquídeas no afectó su estado de ánimo. De la misma manera, en la vida cotidiana, tenemos muchas preocupaciones y apego, le damos mucha importancia a la ganancia y pérdida, por eso, nuestras emociones siempre están en altibajo y no somos felices.

Al momento de enojarnos, sería bueno si podemos pensar: “No estudio con el propósito de enojarme.” “No trabajo con el propósito de enojarme.” “No enseño con el propósito de enojarme.” “No hago amistad con el propósito de enojarme.” “No me casé con el propósito de enojarme.” “No crio a los hijos con el propósito de enojarme.”; de esta forma lograremos una serenidad para calmar nuestro corazón de preocupaciones. Por lo tanto, cuando estás a punto de discutir con amigos o familiares, recuerda que su encuentro en esta vida no tiene el propósito de causar el enojo.


Fuente del artículo: uso compartido de Internet

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