¿Cuál es el mayor valor de mi vida?

El valor de la vida

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Un día, un monjecito le preguntó a su maestro: 

-Maestro, maestro, ¿cuál es el mayor valor de mi vida?- 

El maestro le contestó: 

-Busques en el jardín una piedra grande y llévala al mercado, si alguien te pregunta por el precio no le contestes, solo le muestra con dos dedos; en el caso que si te lo regatean por el precio no se lo vendas. Vuélvete y te diré cuál es el mayor valor de tu vida.- 

Al día siguiente, el monjecito se llevó la piedra al mercado. En el mercado la gente iba y venía con curiosidad, y una señora se le acerco preguntando: 

-¿Cuánto vale la piedra?- 

El monjecito le mostró con sus dos dedos, y el interesado preguntó: -¿dos pesos?- 

El monje sacudió la cabeza sin decir nada, el interesado dijo: 

-¿Veinte? Bueno, lo llevo para usar en la preparación de chucrut.- 

El monje al escucharlo pensó: 

-Increíble, una piedra que no vale nada lo quieren por veinte pesos! En nuestro patio hay muchas piedras.- 

Entonces el monjecito con la piedra volvió contento al templo, diciéndole a su maestro: 

-Maestro, maestro, hoy hubo una persona que me quiso comprar la piedra con veinte pesos. Maestro, ahora me podría contar ¿cuál es el mayor valor de mi vida?- 

El maestro le contestó: 

-No se apresure, mañana por la mañana llévesela al museo. Si alguien pregunta por el precio, también indícale con dos dedos; si te regatean tampoco se lo vendas, vuélvete con la piedra y veremos.- 

En el segundo día por la mañana, Frente del museo también estaba rodeando con multitudes de gente susurrando:

 -Una piedra tan común ¿qué valor tiene para que esté en el museo?- 

-Si se encuentra en el museo, seguramente tiene su valor, solo que no lo sabemos.- Contestó el otro. 

De repente en ese momento apareció una persona con la voz fuerte diciendo al monjecito: 

-Monjecito, ¿A cuánto venderías la piedra?- 

El monjecito por su puesto se quedó en silencio, solo le indico con sus dos dedos. Esa persona le preguntó: -¿Doscientos?- El monjecito sacudió la cabeza. Y esa persona dijo: 

-Bueno, no importa dejamos a dos mil pesos, ya que justo lo necesito para tallar una estatua de buda.- 

El monjecito se quedó sorprendido con la propuesta de esa persona. 

Entonces el monjecito siguió la orden de su maestro y le contó a su maestro: 

-Maestro, maestro, hoy me propuso a dos mil pesos, esta vez ya me podría responder mi pregunta.

El maestro se río a carcajada y dijo: 

-Mañana llévatela nuevamente a una tienda de antigüedades. Como antes vuélvete con la piedra. Por esta vez, te confirmare tu respuesta.- 

El tercer día, el monjecito se la llevo a la tienda de antigüedades. Lo mismo, una multitud de gente la rodeaba discutiendo, -¿Qué tipo de piedra es?-  

-¿Cuál es su origen?- 

Al final, un interesado se le acercó y preguntó: -Monjecito, ¿a cuánto lo vendes?- 

El monjecito tampoco le contestó nada y solo le mostró sus dos dedos. 

-¿Veinte mil?- 

Al escuchar, el monjecito se quedó sorprendido con sus dos ojos bien abiertos y grito: 

-¿Qué?- 

El interesado pensó el monjecito se había enojado por el precio que dijo. Entonces, enseguida dijo: 

-No, no, me equivoque, te iba a dar doscientos mil.- 

El monjecito al escucharlo, enseguida se cargó la piedra y volvió volando al templo para ver a su maestro. Llego todo jadeante y le contó a su maestro: 

-Maestro, maestro, ahora nos convertimos en ricos, hubo una persona quiso comprármela  con doscientos mil pesos. Ahora usted me podría contar cuál es el mayor valor de mi vida? 

El maestro dijo lo mimo la cabeza de él y dijo: 

-Mi discípulo, el mayor valor de tu vida es como esta piedra, si te posicionas en el mercado, solo valdrías por veinte pesos; pero si es en el museo, valdrías por dos mil pesos; y en una tienda de antigüedades, por doscientos mil pesos.

¡Por las distintas plataformas, habrá las posiciones distintas, obviamente el valor de la vida será totalmente diferente! 

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